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Nathaniel Dance-Holland, El encuentro de Dido y Eneas


Nathaniel Dance-Holland representa en este cuadro de 1766 la reunión del príncipe troyano Eneas y Dido, la reina de Cartago, que Virgilo relata la llegada de Eneas a la costa de Cartago al final del libro primero de la Eneida:
Apareció Eneas, resplandeciente en medio de una viva luz, semejante en rostro y apostura a un dios, porque su misma madre había infundido en su hermosa cabellera y en sus ojos el resplandor purpúreo y la alegre lozanía de la juventud; así la mano del artífice añade belleza al marfil o engasta con amarillo oro la plata y la piedra de Paros. Entonces habló así a la Reina, apareciéndose a todos de improviso: "Ved aquí presente al Eneas que buscáis, libertado de las ondas africanas. ¡Oh! Tú, la sola que te has apiadado de los infandos desastres de Troya, y que nos das ciudad y hogar a nosotros, reliquias de los Griegos, vencidos ya por todo linaje de desgracias en tierra y en mar y necesitados de todo! No es en nuestra mano ¡oh Dido! Demostrarte la gratitud de que eres digna, ni bastaría a tanto lo que aun queda de la gente dardania, desparramada por el ancho mundo. Los dioses te den digno premio, si hay númenes que respetan a los piadosos, si hay en alguna parte justicia y conciencia de lo recto. ¡Oh!, ¿Qué felices siglos te dieron al mundo? ¿Qué padres tan grandes fueron los que tal te informaron? Mientras corran los ríos hacia el mar, mientras las sombras cubran los huecos de los montes, mientras el polo apaciente estrellas, siempre durarán en el mundo tu gloria, tu nombre y tus loores en cualquier parte adonde me lleven los hados." Dice, y tiende la diestra mano a su amigo Ilioneo, y la izquierda a Seresto, y luego a los demás y al fuerte Gías y al fuerte Cloanto.
Pasmose la sidonia Dido con la súbita aparición, no menos que con el prodigioso caso de tan grande héroe, y exclamó: "¿Cuál hado te persigue ¡oh hijo de Venus! por medio de tantos peligros? ¿Qué fuerza te arroja a estas despiadadas costas? ¿Eres tú aquel Eneas a quien la alma Venus concibió del troyano Anquises a la margen del frigio Simois? Me acuerdo de que Teucro fue a Tiro, echado de los confines patrios, en busca de un nuevo reino, con el auxilio de Belo; entonces mi padre Belo estaba talando la ópima isla de Chipre, y vencedor, la dominaba toda. Ya en aquella época supe la desgracia de la ciudad troyana, y conocí tu nombre y los de los reyes griegos; vuestro enemigo mismo ensalzaba con grandes alabanzas a los Teucros, y se decía oriundo de la antigua estirpe troyana. Así, pues, adelante, ¡Oh guerreros! Entrad en nuestras moradas. También a mí una fortuna semejante a la vuestra, después de haberme hecho juguete de grandes trabajos, ha querido por fin darme asiento en este suelo; conocedora de la desgracia, he aprendido a socorrer a los desgraciados." Dice, y conduce a Eneas a las regias mansiones, y dispone que se hagan sacrificios en los templos de los dioses.

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