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Frank Dicksee, Romeo y Julieta

Una de las mas célebres escenas de Romeo y Julieta es la del balcón (acto segundo, escena segunda). Frank Dicksee la pintó así en 1884.
(Reaparece JULIETA en la ventana.)
JULIETA.- ¡Chist! ¡Romeo, chist! ¡Oh! ¡Que no tenga yo la voz del halconero, para atraer aquí otra vez a ese dócil azor! La esclavitud tiene el habla tomada y no puede alzarla; de no ser así, volaría la caverna en que habita Eco y pondría su voz aérea más ronca que la mía haciéndole repetir el nombre de mi Romeo.
ROMEO.- Es mi alma la que llama por mi nombre. ¡Cuán dulces y argentinos son en medio de la noche los acentos de un amante, de qué música deliciosa llenan los oídos!
JULIETA.- ¡Romeo!
ROMEO.- ¿Mi bien?
JULIETA.- ¿A qué hora enviaré a encontrarte mañana?
ROMEO.- A las nueve.
JULIETA.- No caeré en falta. De aquí allá van veinte años. He olvidado para qué te llamé.
ROMEO.- Déjame permanecer aquí hasta que lo recuerdes.
JULIETA.- Lo olvidaré para tenerte ahí siempre, recordando cuánto me place tu presencia.
ROMEO.- Y yo de continuo estaré ante ti, para hacerte olvidar sin interrupción, olvidándome de todo otro hogar que éste.
JULIETA.- Casi es de día. Quisiera que te hubieses ido; pero no más lejos de lo poco que una niña traviesa deja volar al pajarillo que tiene en la mano; infeliz cautivo de trenzadas ligaduras, al que así atrae de nuevo, recogiendo de golpe su hilo de seda. ¡Tanto es su amor enemigo de la libertad del prisionero!
ROMEO.- Yo quisiera ser tu pajarillo.
JULIETA.- Yo también lo quisiera, dulce bien; pero te haría morir a fuerza de caricias. ¡Adiós! despedirse es un pesar tan dulce, que adiós, adiós, diría hasta que apareciese la aurora. (Se retira.)
ROMEO.- ¡Que el sueño se aposente en tus ojos y la paz en tu corazón! -¡Quisiera ser el sueño y la paz para tener tan dulce lecho! Me voy de aquí a la celda de mi padre espiritual, para implorar su asistencia y noticiarle mi dichosa fortuna.


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