Frederic Leighton, La Reconciliación entre los Montesco y los Capuleto tras la muerte de Romeo y Julieta
Frederic Lord Leighton pintó este cuadro hacia 1850. En el representa uno de los momentos finales de la famosa obra de Shakespeare.
CAPULETO ¡Santo cielo! Esposa, mira cómo se desangra nuestra hija. El puñal se equivocó. Debiera estar en la espalda del Montesco y se ha envainado en el pecho de mi hija.SEÑORA CAPULETO ¡Ay de mí! Esta escena de muerte es la señal que me avisa del sepulcro.Entra MONTESCO.PRÍNCIPE Venid, Montesco: pronto os habéis levantado para ver a vuestro hijo tan pronto caído.MONTESCO Ah, Alteza, mi esposa murió anoche: el destierro de mi hijo la mató de pena. ¿Qué otro dolor amenaza mi vejez?PRÍNCIPE Mirad y veréis.MONTESCO ¡Qué desatención! ¿Quién te habrá enseñado a ir a la tumba delante de tu padre?PRÍNCIPE Cerrad la boca del lamento hasta que podamos aclarar todas las dudas y sepamos su origen, su fuente y su curso. Entonces seré yo el guía de vuestras penas y os acompañaré, si cabe, hasta la muerte. Mientras, dominaos; que la desgracia ceda a la paciencia. Traed a los sospechosos.FRAY LORENZO Yo soy el que más; el menos capaz y el más sospechoso (pues la hora y el sitio me acusan) de este horrendo crimen. Y aquí estoy para inculparme y exculparme, condenado y absuelto por mí mismo.PRÍNCIPE Entonces decid ya lo que sabéis.FRAY LORENZO Seré breve, pues la vida que me queda no es muy larga para la premiosidad. Romeo, ahí muerto, era esposo de Julieta y ella, ahí muerta, fiel esposa de Romeo: yo los casé. El día del secreto matrimonio fue el postrer día de Tebaldo, cuya muerte intempestiva desterró al recién casado. Por él, no por Tebaldo, lloraba Julieta. Vos, por apagar ese acceso de dolor, queríais casarla con el Conde Paris a la fuerza. Entonces vino a verme y, desquiciada, me pidió algún remedio que la librase del segundo matrimonio, pues, si no, se mataría en mi celda. Yo, entonces, instruido por mi ciencia, le entregué un narcótico, que produjo el efecto deseado, pues le dio el aspecto de una muerta. Mientras, a Romeo le pedí por carta que viniera esta noche y me ayudase a sacarla de su tumba temporal, por ser la hora en que el efecto cesaría. Mas Fray Juan, el portador de la carta, se retrasó por accidente y hasta anoche no me la devolvió. Entonces, yo solo, a la hora en que Julieta debía despertar, vine a sacarla de este panteón, pensando en tenerla escondida en mi celda hasta poder dar aviso a Romeo. Pero al llegar, unos minutos antes de que ella despertara, vi que yacían muertos el noble Paris y el fiel Romeo. Cuando despertó, le pedí que saliera y aceptase la divina voluntad, pero entonces un ruido me hizo huir y ella, en su desesperación, no quiso venir y, por lo visto, se dio muerte. Esto es lo que sé; el ama es conocedora de este matrimonio. Si algún daño se ha inferido por mi culpa, que mi vida sea sacrificada, aunque sea poco antes de su hora, con todo el rigor de nuestra ley.PRÍNCIPE Siempre os he tenido por hombre venerable. ¿Y el criado de Romeo? ¿Qué dice a esto?BALTASAR A mi amo hice saber la muerte de Julieta, y desde Mantua él vino a toda prisa a este lugar, a este panteón. Me dijo que entregase esta carta a su padre sin demora y, al entrar en la tumba, me amenazó de muerte si no me iba y le dejaba solo.PRÍNCIPE Dame la carta; la leeré. ¿Dónde está el paje del conde que avisó a la guardia? Dime, ¿qué hacía tu amo en este sitio?PAJE Quería cubrir de flores la tumba de su amada. Me pidió que me alejase; así lo hice. Al punto llegó alguien con antorcha dispuesto a abrir la tumba. Mi amo le atacó y yo corrí a llamar a la guardia.PRÍNCIPE La carta confirma las palabras del fraile, el curso de este amor, la noticia de la muerte; y aquí dice que compró a un humilde boticario un veneno con el cual vino a morir y yacer con Julieta. ¿Dónde están los enemigos, Capuleto y Montesco? Ved el castigo a vuestro odio: el cielo halla medios de matar vuestra dicha con el amor, y yo, cerrando los ojos a vuestras discordias, pierdo dos parientes. Todos estamos castigados.CAPULETO Hermano Montesco, dame la mano: sea tu aportación a este matrimonio, que no puedo pedir más.MONTESCO Pero yo sí puedo darte más: haré a Julieta una estatua de oro y, mientras Verona lleve su nombre, no habrá efigie que tan gran estima vea como la de la constante y fiel Julieta.CAPULETO Tan regio yacerá Romeo a su lado. ¡Pobres víctimas de padres enfrentados!PRÍNCIPE Una paz sombría nos trae la mañana: no muestra su rostro el sol dolorido. Salid y hablaremos de nuestras desgracias. Perdón verán unos; otros, el castigo, pues nunca hubo historia de más desconsuelo que la que vivieron Julieta y Romeo.

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