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John Everett Millais, Ofelia

Hamlet es una de las más importantes tragedias del dramaturgo inglés William Shakespeare. Su fecha de composición es incierta; probablemente fue escrita entre 1599 y 1601.
John Everett Millais, un famoso pintor británico representa en 1852 con su cuadro Ofelia la muerte de la enamorada de Hamlet.
En la última escena del cuarto acto de la obra de Shakespeare, la reina Gertrudis informa a Claudio y a Laertes de la muerte de Ofelia:
Claudio
¿Qué ocurre de nuevo, amada Reina?
Gertrudis
Una desgracia va siempre pisando las ropas de otra; tan inmediatas caminan.
Laertes tu hermana acaba de ahogarse.Laertes
¡Ahogada! ¿En dónde? ¡Cielos!
Gertrudis
Donde hallaréis un sauce que crece a las orillas de ese arroyo, repitiendo en las ondas cristalinas la imagen de sus hojas pálidas. Allí se encaminó, ridículamente coronada de ranúnculos, ortigas, margaritas y luengas flores purpúreas, que entre los sencillos labradores se reconocen bajo una denominación grosera, y las modestas doncellas llaman, dedos de muerto. Llegada que fue, se quitó la guirnalda, y queriendo subir a suspenderla de los pendientes ramos; se troncha un vástago envidioso, y caen al torrente fatal, ella y todos sus adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durarse por mucho espacio. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo, la muerte, llena de angustias.
Laertes
¿Qué en fin se ahogó? ¡Mísero!
Gertrudis
Sí, se ahogó, se ahogó.
Laertes
¡Desdichada Ofelia! Demasiada agua tienes ya, por eso quisiera reprimir la de mis ojos... Bien que a pesar de todos nuestros esfuerzos, imperiosa la naturaleza sigue su costumbre, por más que el valor se avergüence. Pero, luego que este llanto se vierta, nada quedará en mí de femenil ni de cobarde... Adiós señores... Mis palabras de fuego arderían en llamas, si no las apagasen estas lágrimas imprudentes.
Claudio
Sigámosle, Gertrudis, que después de haberme costado tanto aplacar su cólera, temo ahora que esta desgracia no la irrite otra vez. Conviene seguirle.

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