Tamara de Lempicka, Adán y Eva
Adán y Eva, padres bíblicos del género humano, protagonizan este cuadro que Tamara de Lempicka pintó en 1932.
El texto, del Diario de Adán y Eva de Mark Twain, nos narra el momento de la tentación representa por la famosa manzana:
Miércoles.- He tenido unos días complicados. Me escapé anoche, y anduve toda la noche a caballo lo más rápido que pude con la esperanza de desaparecer del Parque y esconderme en algún otro lugar antes de que el problema comenzase: pero no pudo ser. Alrededor de una hora después de que el sol se levantó, cabalgaba por un prado en flor en el que miles de animales pasteaban, dormitaban o jugaban entre sí, cada cual según su gusto; de repente, estallaron en una tempestad de ruidos amenazantes, y en un instante el prado fue una conmoción frenética en la que cada bestia destrozaba a su vecino. Sabía lo que eso significaba: Eva había comido de esa fruta, y la muerte había llegado al mundo... Los tigres se comieron a mi caballo, sin prestarme atención cuando les ordené detenerse, y me hubiesen comido a mí si me hubiese quedado, cosa que no hice, sino que me fió lo más deprisa posible... Encontré este lugar fuera del Parque y era lo bastante confortable como para unos pocos días, pero ella me descubrió. Me descubrió, y llamó al lugar Tonawanda: dice que parece eso. En realidad, no lamenté su llegada, porque no hay por aquí más que unos restos de comida escasos, y ella trajo algunas de esas manzanas. Me vi obligado a comerlas de hambriento que estaba. Era en contra de mis principios, pero creo que los principios no tienen verdadera fuerza, excepto cuando uno está bien alimentado... Ella vino envuelta en ramas y en manojos de hojas, y cuando le pregunté qué significaba ese disparate, y se los arranqué y los arrojé lejos, se rió entre dientes y se ruborizó. Nunca había visto antes a una persona reírse así y ruborizarse, y me pareció indigno e idiota. Ella dijo que pronto lo sabría por mí mismo. Era cierto. Hambriento como estaba, dejé la manzana a medio comer –por cierto, la mejor que había probado, teniendo en cuenta lo tardío de la estación– y me arrebujé en las ramas y hojas que le había arrancado, y luego le halé con un poco de severidad y le ordené que fuese a buscar más y que no anduviese dando espectáculos. Lo hizo, y después de esto fuimos arrastrándonos hasta el lugar de la batalla de las bestias salvajes y recogimos algunas pieles y le hice componer un par de vestidos para ocasiones públicas. Son incómodos, es verdad, pero elegantes, y eso es lo principal en las ropas... Creo que ella es bastante buena como compañera. Me doy cuenta de que me sentiría solo y deprimido sin ella, ahora que perdí mis dominios. Otra cosa: ella dice que se ordenó que trabajásemos para nuestro sustento de aquí en más. Ella será útil. Yo controlaré.

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